La seguridad no comienza con el equipo de protección
Cuando hablamos de seguridad en la industria petrolera, muchas veces la primera imagen que viene a la mente es la de un trabajador utilizando casco, lentes, botas y demás equipos de protección personal.
Todos estos elementos son indispensables, pero representan solo una parte de un sistema mucho más amplio.
Desde mi perspectiva, la seguridad operacional comienza mucho antes de que una persona llegue al lugar donde se ejecutará el trabajo. Comienza cuando se planifica la actividad, se identifican los riesgos, se establecen responsabilidades y cada integrante del equipo comprende qué debe hacer y, especialmente, qué condiciones no deben permitirse.
Una operación bien preparada tiene mayores posibilidades de convertirse en una operación segura.
Anticiparse es una forma de proteger
La industria petrolera trabaja con condiciones que exigen respeto: presión, temperatura, hidrocarburos, equipos pesados, transporte, energía mecánica y múltiples actividades ejecutándose simultáneamente.
Por eso considero que uno de los mayores errores en materia de seguridad es acostumbrarnos al riesgo.
Cuando una actividad se realiza muchas veces sin incidentes, puede aparecer una peligrosa sensación de normalidad. Un procedimiento conocido puede comenzar a ejecutarse de manera automática y una desviación aparentemente pequeña puede dejar de llamar nuestra atención.
La experiencia debe aumentar nuestra capacidad de anticipación, no disminuir nuestra percepción del riesgo.
Antes de comenzar un trabajo debemos preguntarnos qué puede cambiar, qué puede fallar y qué señales nos indicarían que las condiciones ya no son las previstas.
Detener una operación también es tomar una decisión correcta
Existe una idea que considero fundamental: detener un trabajo cuando las condiciones no son seguras no representa una pérdida de productividad.
Representa control operacional.
Presiones por tiempo, producción o cumplimiento de cronogramas nunca deberían convertir una condición insegura en una condición aceptable.
Si aparece una situación diferente a la planificada, una barrera deja de estar disponible, un equipo presenta un comportamiento inesperado o existe una duda razonable sobre cómo continuar, detenerse para evaluar puede ser la decisión más eficiente de toda la jornada.
Unos minutos utilizados para verificar una condición pueden evitar consecuencias humanas, operacionales y económicas considerablemente mayores.
Esta filosofía coincide con principios internacionales de seguridad de procesos que promueven detener e informar cuando una actividad no evoluciona según lo esperado y prestar atención a señales débiles antes de que se conviertan en problemas mayores.

El supervisor debe observar más allá del procedimiento
Los procedimientos son esenciales, pero la realidad del campo puede ser dinámica.
Por eso la supervisión no debería limitarse a comprobar que existe un procedimiento o que se completó una lista de verificación.
Un supervisor debe observar el entorno.
Debe escuchar al personal, verificar las condiciones reales del trabajo, identificar cambios y mantener comunicación con quienes están directamente expuestos a la operación.
También debe existir confianza suficiente para que cualquier integrante del equipo pueda expresar una preocupación.
Una organización donde las personas tienen miedo de comunicar un error, una duda o una condición insegura pierde una de sus primeras líneas de defensa.
La industria está avanzando precisamente hacia modelos donde el liderazgo y los sistemas deben permitir que los trabajadores comuniquen problemas y aprendan de ellos, en lugar de concentrarse únicamente en encontrar culpables después de un incidente.
La seguridad también protege la continuidad operacional
Seguridad y productividad no deberían tratarse como objetivos opuestos.
Un incidente puede detener operaciones, afectar equipos, generar pérdidas económicas, comprometer activos y, lo más importante, poner en riesgo a las personas.
Por esa razón, trabajar de manera segura también significa proteger la continuidad del negocio.
La integridad de los equipos, el mantenimiento, las inspecciones, la preparación del personal y el cumplimiento de los controles forman parte de una misma estrategia operacional.
En una industria donde existen sistemas que manejan sustancias peligrosas y grandes cantidades de energía, mantener barreras efectivas es fundamental para evitar que una desviación evolucione hacia un evento mayor.
Una cultura se demuestra cuando nadie está mirando
Para mí, uno de los indicadores más claros de una verdadera cultura de seguridad aparece cuando no hay un supervisor observando.
¿El trabajador mantiene el procedimiento?
¿Verifica antes de actuar?
¿Reporta una condición anormal?
¿Detiene el trabajo si identifica un riesgo?
Cuando esas decisiones se producen naturalmente, la seguridad comienza a formar parte de la cultura de una organización.
Ese debe ser el objetivo.
No buscamos únicamente personas que conozcan las normas. Necesitamos equipos que comprendan por qué existen esas normas y qué consecuencias puede tener ignorarlas.
Nuestra responsabilidad como líderes
Quienes ocupamos posiciones de liderazgo tenemos una responsabilidad adicional.
No podemos exigir disciplina operacional si nuestras propias decisiones envían un mensaje diferente.
La seguridad debe reflejarse en la planificación, en los recursos que asignamos, en la selección y mantenimiento de los equipos, en la capacitación y, sobre todo, en la forma como reaccionamos cuando alguien señala un problema.
En Stratton Oil, considero que desarrollar una operación confiable implica construir desde el principio una cultura donde seguridad, orden, preparación y responsabilidad formen parte de la manera en que hacemos nuestro trabajo.
Porque al finalizar una jornada, el resultado verdaderamente importante no es únicamente haber completado una operación.
Es haberla completado correctamente y que todas las personas regresen seguras a casa.
Gerard Almerida
Vicepresidente — Stratton Oil

